La Directiva sobre productos del tabaco de la Unión Europea entra en un nuevo periodo de revisión.
Estas revisiones no son frecuentes. Cuando se producen, marcan el panorama normativo durante muchos años, influyendo en las normas sobre productos, el acceso al mercado y las políticas de salud pública en todos los Estados miembros.
Aquellos que han trabajado en expedientes normativos de la UE comprenden perfectamente la importancia de estas revisiones. Las directivas suelen permanecer en vigor durante una década o más. Las decisiones que se toman durante una revisión tienen consecuencias duraderas en la evolución de la normativa y en la forma en la que se persiguen los objetivos de salud pública.
Una cuestión que ha surgido de forma constante en los debates sobre las políticas relativas al tabaco y la nicotina es la relación entre el riesgo de los productos y el marco normativo.
Como señaló recientemente Johan Nissinen, exdiputado al Parlamento Europeo y colaborador en los debates sobre políticas con GINN (Instituto Global para la Nicotina Innovadora, por sus siglas en inglés), el hecho de que estas revisiones sean tan poco frecuentes hace que sus consecuencias sean especialmente importantes.
“Recuerdo lo poco frecuentes que eran estas grandes revisiones cuando trabajaba en los expedientes de la UE. Pasas meses, a veces años, con una directiva sobre la mesa y luego convives con las consecuencias durante una década”.
Según Nissinen, un tema recurrente durante su trabajo en materia de políticas sobre el tabaco fue el reto de adaptar la normativa a los riesgos relativos de los distintos productos con nicotina.
“En las preguntas que envié a la Comisión sobre la política del tabaco, había un tema que se repetía constantemente: no todos los productos con nicotina tienen el mismo riesgo. Sin embargo, nuestra normativa sigue tratándolos como si así fuera”.
Reconocimiento de las diferencias en el riesgo de los productos
Los debates científicos y normativos reconocen cada vez más que no todos los productos con nicotina presentan el mismo nivel de riesgo para la salud. Los productos de tabaco combustibles, en particular los cigarrillos, siguen siendo la causa principal de las enfermedades relacionadas con el tabaquismo. El proceso de combustión genera miles de sustancias químicas, muchas de ellas son tóxicas o cancerígenas.
Por el contrario, a lo largo de la última década, ha surgido una gama de productos de nicotina no combustibles. Aunque estos productos no están exentos de riesgos, un creciente cuerpo de evidencia científica sugiere que sus perfiles de riesgo difieren sustancialmente de los asociados al tabaquismo.
Esta distinción se reconoce cada vez más en la investigación, los debates sobre salud pública y los análisis normativos. Sin embargo, en muchos marcos normativos, incluidos elementos de la legislación actual de la UE, los productos de nicotina suelen regularse de formas que no reflejan plenamente estas diferencias de riesgo.
Señales normativas y consecuencias conductuales
La normativa de salud pública no se limita a establecer normas para los productos, sino que también envía señales a los consumidores. Cuando se trata de forma idéntica a productos diferentes dentro de un marco normativo, el mensaje implícito es que sus riesgos son comparables.
Esto es importante porque el comportamiento del fumador no solo viene determinado por la motivación individual, sino también por el entorno normativo en el que se toman las decisiones. Si las alternativas de menor riesgo se regulan de una manera que no parece distinguirse de la de los productos combustibles, el incentivo de cambio puede diluirse.
Nissinen argumenta que esta dinámica puede tener consecuencias prácticas para las personas que intentan dejar de fumar.
“Cuando las alternativas de menor riesgo se regulan como los cigarrillos, la gente tiene menos razones para cambiar”.
Desde el punto de vista de la salud pública, el objetivo no es simplemente regular los productos, sino reducir la carga de las enfermedades relacionadas con el tabaquismo. Para lograrlo se necesitan marcos normativos que tengan en cuenta la forma en la que cambia realmente el comportamiento de las personas a largo plazo.
Equilibrio entre la protección de los jóvenes y la reducción de daños
La protección de los jóvenes frente al consumo de nicotina sigue siendo una prioridad fundamental en la política europea de control del tabaco. Las restricciones de edad, las limitaciones en la comercialización y las normas sobre los productos desempeñan un papel importante a la hora de prevenir que los jóvenes empiecen a fumar.
Al mismo tiempo, los sistemas de salud pública europeos siguen enfrentándose a las consecuencias del tabaquismo crónico en adultos. Millones de europeos siguen fumando y muchos tienen dificultades para dejarlo a pesar de sus repetidos intentos.
Nissinen hace hincapié en que los debates sobre políticas deben tener en cuenta ambas prioridades de forma simultánea.
“Proteger a los jóvenes es importante, pero los adultos que ya fuman también necesitan vías de salida realistas”.
Para estas personas, los marcos normativos que reconocen las diferencias de riesgo relativo pueden ayudar a crear vías más claras para alejarse del tabaco combustible. El reto para los reguladores es mantener protecciones sólidas para los jóvenes y, al mismo tiempo, apoyar estrategias que reduzcan el daño entre los fumadores actuales.
Un momento para una regulación basada en la evidencia
La revisión de la Directiva sobre productos del tabaco ofrece una oportunidad única para reevaluar cómo se clasifican y regulan los productos de nicotina dentro del marco normativo de la UE.
Una regulación eficaz debe guiarse por tres principios: evidencia científica, proporcionalidad y resultados en materia de salud pública. Las políticas que reflejen los riesgos relativos de los diferentes productos pueden ayudar a garantizar que las señales reguladoras se adecuen mejor al objetivo de reducir las enfermedades relacionadas con el tabaquismo.
Como señaló Nissinen en los debates sobre la revisión de la directiva, los marcos normativos deben reflejar, en última instancia, las realidades del cambio de comportamiento.
“Si el objetivo es que menos personas enfermen, las normas deben reflejar cómo cambia realmente la gente”.
Las decisiones tomadas durante esta revisión configurarán el panorama de la política europea sobre la nicotina en los próximos años. Garantizar que la directiva refleje los conocimientos científicos actuales y las realidades conductuales será fundamental para lograr avances significativos en materia de salud pública.
Si el objetivo es que haya menos personas que padezcan enfermedades relacionadas con el tabaquismo, los marcos normativos deben evolucionar al ritmo de las evidencias científicas.